Hay días que empiezan en un lugar y terminan en otro completamente distinto. Salimos de casa, caminamos unas cuadras, subimos a una bicicleta, trabajamos en un café, tomamos un colectivo, cruzamos la ciudad. Entramos y salimos de edificios. Cambiamos de ritmo varias veces sin siquiera pensarlo. La vida cotidiana tiene cada vez menos que ver con permanecer en un único lugar.

Vivimos en movimiento.

Y quizás por eso nos interesa pensar los objetos que diseñamos desde ahí. Como herramientas capaces de acompañar esos desplazamientos.



Diseñar para lo que cambia

Cuando pensamos un producto en Kainoto, muchas veces empezamos imaginando situaciones antes que objetos. ¿Cómo se mueve una persona durante el día? ¿Qué lleva consigo? ¿Qué necesita encontrar rápido? ¿Qué sucede cuando pasa de caminar a andar en bicicleta, de trabajar a viajar, de la ciudad a un sendero?

Diseñar para el movimiento implica aceptar que el contexto cambia constantemente. Por eso nos interesan los objetos capaces de adaptarse. Una correa que puede regularse. Un bolso que puede llevarse de distintas maneras. Un bolsillo que permite acceder rápidamente a algo importante. Una pieza que puede plegarse cuando deja de ser necesaria. Pequeñas decisiones que parecen simples, pero que modifican la relación entre una persona y lo que lleva consigo.

La versatilidad, para nosotros, no significa sumar funciones porque sí. Significa permitir que un mismo objeto pueda acompañar distintas situaciones sin convertirse en una preocupación.

Objetos que acompañan

Hay objetos que buscan convertirse en protagonistas y otros funcionan mejor cuando casi desaparecen. Cuando cumplen su tarea sin reclamar demasiada atención (nos gusta diseñar con el enfoque puesto en el último) Objetos que encuentran sentido acompañando lo que sucede alrededor.

Un bolso no debería definir el recorrido de una persona. Debería permitirlo. Debería guardar, proteger, organizar y acompañar. Y después dejar espacio para todo lo demás. Para caminar. Para mirar la ciudad. Para trabajar. Para viajar. Para detenerse. Para volver a moverse.

Cuando un producto funciona bien, muchas de estas acciones suceden de manera casi automática. No pensamos constantemente dónde está nuestra billetera, cómo acomodar la correa o si el objeto podrá resistir el recorrido. Simplemente seguimos.

Esa naturalidad es, muchas veces, una de las formas más silenciosas del buen diseño.



Desde nuestro taller diseñamos bolsos que terminan recorriendo muchos otros lugares. Ciudades, rutas, aeropuertos, montañas, oficinas, bicicletas, trenes. Hay algo que nos gusta de esa idea. Diseñar desde un punto específico del mapa para acompañar movimientos que nunca vamos a conocer por completo. Cada persona termina encontrando su propia manera de usar un producto.

Lo adapta. Lo carga. Lo transforma. Lo incorpora a su recorrido. En algún punto, deja de ser solamente algo que hicimos nosotros. Empieza a formar parte de otra historia.

Habitar

Quizás habitar un lugar no signifique necesariamente permanecer en él. También podemos habitar los recorridos. Las distancias entre un punto y otro. Los minutos que pasamos caminando. Los trayectos conocidos. Los lugares nuevos.

Habitar el movimiento es aceptar que gran parte de nuestra vida sucede justamente ahí: entre lugares. Y nuestro enfoque esta en diseñar para ese espacio intermedio, para acompañar el movimiento. 



Diseño de bolsos durables, versátiles y pensados para permanecer. Hecho a mano en nuestro taller en San Francisco, Cordoba, Argentina.